La escuela del paro

 

Joan Carles Valero 06/02/2012 Abc.es

EMPEZAR de nuevo tras un despido no es fácil para nadie, pero cuando se trata de un directivo o mando intermedio, la situación se complica por el peligro de pérdida de algo más importante que los ingresos: la autoestima.

Dejar de sentir reconocimiento, abandonar los círculos sociales en los que antaño se movía y verse obligado a reducir el nivel de vida como le ocurre al resto de parados, puede inducir al directivo a revolcarse en el fango, un extremo que Aldous Huxley ya recordaba en su «Mundo feliz» que no es la mejor manera para limpiarse. La profesora de Psicología de la Universidad de California, Sonja Lyubomirsky, creadora de una escala para medir la felicidad, asegura que la herencia genética determina en un 50% el grado de felicidad que puede alcanzar una persona, mientras el 40% depende de sus comportamientos con los demás y sólo el 10% tiene que ver con las circunstancias personales de cada individuo. Las investigaciones de Lyubomirsky, ahora centrada en estudiar a los empleados de Coca Cola en España, exploran los diferentes procesos psicológicos que juegan un papel determinante en el mantenimiento o crecimiento de la felicidad, como por ejemplo, la práctica del altruismo. Un estudio de Esade indica que el 80% de los directivos que viven una experiencia en otro marco económico, social y cultural con gran carga emotiva, como puede ser el tercer mundo, mejoran en inteligencia emocional, ganan en empatía, flexibilidad y sociabilidad, adquieren una mentalidad más abierta y global, además de ser más conscientes de las limitaciones personales y de lo importante que resulta la humildad. La carga emotiva para un directivo que se encuentra en paro puede ser mucho más profunda y, por tanto, suponer un cambio de comportamiento en su mentalidad, más allá de entender lo que ocurría en la mente de los empleados a los que tuvo que despedir como ejecutivo. Francisco Ruíz, presidente de BYS, Asociación Española de Búsqueda y Selección de Personal, es sensible a la situación que atraviesa el cada vez más numeroso colectivo de directivos y mandos superiores e intermedios que se ven afectados por el desempleo. A su juicio, este importante colectivo no está recibiendo un servicio por parte de las Administraciones en la línea de sus necesidades. Porque la asesoría que requieren es más especializada que la que se ofrece genéricamente en las oficinas del SOC. En su mayoría, se trata de «seniors» que han desarrollado una gran carrera profesional y que se encuentran con dificultades para volver a sentirse útiles en la sociedad.

Dificultad añadida El presidente de BYS asegura que la Administración no está preparada para orientar a estos colectivos, que se ven ante la dificultad añadida de la inexistencia de ofertas que casen con su cualificación, fruto del adelgazamiento extremo a que las empresas someten a sus cúpulas como consecuencia de la crisis. Los recientes convenios alcanzados por la secretaria de Ocupación y Relaciones Laborales de la Generalitat, Esther Sánchez, con portales en internet de búsqueda de empleo, deberían complementarse con acuerdos con organizaciones de consultoría especializadas en la evaluación de altos profesionales para facilitar su encaje en la vida laboral. En ese sentido, la asociación BYS ofrece su colaboración a la Administración para ayudar a reubicar a ese colectivo en la salida de la crisis. Ruíz confiesa que a los profesionales de la búsqueda y selección de personal les encantaría alcanzar un acuerdo institucional para formalizar una ayuda general a la reubicación de los directivos y mandos intermedios, no tanto desde la perspectiva del «outplacement», sino impulsando un proyecto de puesta en contacto de estos profesionales en situación de desempleo con el objetivo de fomentar la ayuda mutua, informarse y formarse.

Un cambio de paradigma que redundará en beneficio de la sociedad, no sólo al recuperar a profesionales con experiencia, sino también porque serán mejores personas porque habrán ganado inteligencia emocional tras su paso por el paro.

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