ÉTICA, CALIDAD Y PROFESIONALIDAD EN LA ATRACCIÓN DEL TALENTO

Durante años, en las reuniones de calibración tras una ronda de entrevistas, hemos escuchado (y probablemente pronunciado) la misma frase lapidaria: "Es un gran profesional, tiene las competencias técnicas, pero… no acabo de ver el encaje cultural". 


En un mercado donde los perfiles clave escasean y las decisiones de contratación tienen impacto directo en el negocio, el reclutamiento ya no es una cuestión de intuición ni de herramientas de moda. Es una disciplina que exige criterio, método y decisiones basadas en datos. Y eso empieza por elegir bien con qué trabajas.



Auditar tu propio proceso de selección puede sonar innecesario si los resultados te acompañan. Pero si algo nos enseña este oficio es que los buenos resultados no siempre son sinónimo de buenos procesos.



La mayoría de procesos de selección para puestos de liderazgo se enfocan en la experiencia, el conocimiento técnico y la capacidad de tomar decisiones. Todo eso importa, sí. Pero cada vez es más evidente que hay algo más que marca la diferencia entre un buen líder y uno que realmente transforma el equipo: la inteligencia emocional.



La inteligencia emocional se ha convertido en un tema recurrente en el mundo del trabajo. Se menciona en descripciones de puestos, planes de liderazgo y sesiones de feedback.

Pero una cosa es hablar de ella y darle importancia, y otra muy distinta es medirla bien en los procesos de selección.



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